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Archivo para la categoría "Política"

Las hijas del presidente

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El presidente de España, ZP, torpe, necio y ridículo donde los haya (en opinión del que escribe), y ansioso por posar junto al rey del mundo (menos mal que no lo ha hecho desnudo), tiene la -feliz idea- de colocar en una foto a sus adolescentes hijas sin tener en cuenta que dicha foto daría la vuelta al mundo, y Zapatero, inepto como el que más (siempre en opinión del que escribe), es ahora el hazme reír de todo el planeta, pues, después de que el señor Obama y esposa miraron sonrientes el pajarito junto a la familia Zapatero, ZP se da cuenta que no quería que sus hijas aparecieran en la foto.

ZP, definitivamente, la situación se te ha ido de las manos, ¡vete ya!, pareces relativamente joven, pero actúas como un simpático y respetable anciano con Alzheimer avanzado; ZP, deja el cargo. Con ello evitarás que el mundo tache de idiotas a todos los españoles que te han votado.

(Ludicum)

Mi nacionalismo

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Para vosotros, amados lectores, este post puede parecer muy largo, pero os aseguro que para mí que lo ecribo se hace muy corto. Quiero utilizar este blog como lugar de reflexión y de libre intercambio de opiniones y Pablo está de acuerdo con ésto, aunque seguramente no comparta muchas de mis ideas, por lo que no se las achaquéis a él también, son sólo mías. Veréis, sobre todo partir de post como éste, que tengo un concepto muy personal del mundo. Os pido una oportunidad y que discutais todo lo que no os guste, aprovechaos del anonimato de internet.

Hablaré del nacionalismo y de mi particular forma de entenderlo.

Las naciones son un invento reciente, la mayor parte de los historiadores están de acuerdo con ésto, aunque hay quién todavía mantiene que los ESPAÑOLES ya luchaban contra Al Qaeda en el siglo VIII (una perlita cortesía de José María Aznar, que a un profesor mío le gustaba repetir). Lo cierto es que hasta las revoluciones liberales nadie se sentía miembro de un ente supraindividual con comportamientos y características asociados llamado nación. La gente se defenía más por su religión y por su posición social, algo muy normal si se tiene en cuenta el abismo cultural e ideológico que significaba ser o no rico o ser o no católico. Es en la I Guerra Mundial cuando asistimos a la primera contienda organizada entre “ naciones libres”, lo que nos permite analizar un proceso de “nacionalización” de las poblaciones a través de múltiples elementos por parte de los Estados liberales en las décadas previas al conflicto. Con medios como el ejército, la educación, la prensa, el fútbol o los toros, los gobiernos se aseguraban de criar patriotas convencidos de la necesidad de luchar por la madre nación y nunca dispuestos a escuchar los mensajes suversivos de la izquierda marxista y socialista que predicaba la diferenciación por clases y no por procedencia de la población mundial. La I GM significó el fracaso de estas ideas y el triunfo de los nacionalismos que aún a día de hoy son ideologías de gran calado entre la gente y una herramienta fundamental para cohesionar a los miembros de un Estado de derecho.  En la nación, según la Constitución, reside la soberanía por lo que nuestra existencia política está definida en tanto en cuanto somos miembros de esa nación. Al respecto del proceso de creación de las identidades nacionales y de los artilugios de los Estados para infundir el sentimiento patriótico permitidme que os recomiende un libro que aún no he tenido el placer de leer completo, pero que seguro que os explica esto mejor de lo que yo, humildemente, puedo: Eugen WEBER “Peasants into French”. Más allá de identificarse con la derecha o la izquierda, es incuestionable que a día de hoy, desde los informativos hasta el deporte están condicionados por el “sentimiento” nacional o por lo menos por el intento de infundirnoslo.

Teniendo todo lo dicho en cuenta, es fácil ver como al tradicional sentimiento de pertenencia a la ”nación española” , si es que alguna vez llegó a cohesionarse como tal, se le une, con la creación de las Comunidades Autónomas, un nuevo intento de crear una nación de vascos, una nación de catalanes y, por supuesto, una nación de gallegos. Es, paradógicamente,  en Galicia, que no sufrió los daños de la emigración interior derivada de la política franquista de destrucción de los nacionalismos periféricos a través de la incorporación de trabajadores de otros lugares a las tradicionales poblaciónes vasca y catalana, donde la base cultural y lingüística sobre la que sustentar toda la estructura del nacionalismo se halla más presente. La población es mucho más homogénea que en otros lugares de la península, no sólo por ser eminentemente emisora, no receptora,  de emigración sino también por estar mal comunicada durante siglos. Tiene lógica pensar que en una comunidad así el nacionalismo calará con mayor facilidad que en otras que han sufrido la incorporación de millones de andaluces, manchegos y extremeños que nada tienen que ver con sus tradiciones. Pues no. Por casualidades de la vida, el tradicionalismo imperante en el agro gallego y la carencia casi total de industrias y núcleos obreros o cívicos realmente importantes, así como su marcada religiosidad y el envejcimiento demográfico progresivo hacen que toda Galicia se identifique con la amalgama de catolicismo, capitalismo y fascismo que representa el Partido Popular antes incluso que con la pseudoizquierda socialdemocratizada que, en principio, defiende el Partido “Socialista” “Obrero” Español. Curiosamente, ambos partidos abogan por la nación española antes que por la gallega, y los gallegos que no renuncián a sus costumbres ni a su lengua miran con recelo a cualquier intento de partido nacionalista que surja en Galicia.

Con la Guerra Civil, el Partido Galleguista de Castelao que defendía un nacionalismo burgués coherente desaparece y es olvidado para dejar paso durante la dictadura a una nueva amalgama de ideologías en torno al nacionalismo gallego que al igual que Franco no hace distinciones entre sus enemigos, no hace distinciones entre sus miembros. En este nuevo partido que con el devenir de la democracia se dará en llamar Bloque Nacionalista Galego, conviven desde comunistas, socialistas y marxistas defensores de la nación gallega (inexplicable que aquellos que consideraban a los nacionalismos un invento de los burgueses para dividir a la masa obrera, una sola y universal, los defiendan ahora con tanto ahínco) hasta lusistas que persiguen superar el pasado “cisma” con Portugal. A pesar de lo contradicctorio de dividir verticalmente por clases como el marxismo y horizontalmente por nacionalidades como el capitalismo, el BNG,es el partido nacionalista más votado en Galicia, siendo de lejos la tercera fuerza política. En ciertos momentos el discurso del Bloque, suena, a mi entender, como si ellos fuesen la élite intelectual visionaria y única conocedora de lo más conveniente para Galiza, una nación incapaz de valerse por si misma sin su tutela y desconocedora de su propia realidad de atraso e ignorancia.

Derivado de éste intento de “salvar” a Galiza de su propia “autodestrucción” el Bloque trabajó desde el Parlamento, la Academia y las cátedras por la Formación del Espíritu Nacional a través de la salvación del gallego. Bajo este estandarte de redención de la lengua y de la cultura se hicieron y se dijeron las mayores barbaridades. Desde la creación de un gallego artificial irreal y completamente alejado de la rica realidad dialectal, hasta una manipulación sistemática de la Historia de Galicia convirtiendo a Roi Xordo, Pardo de Cela o Matín Sarmiento en defensores de la nación gallega y obviando el anacronismo de colocar algún tipo de sentimiento nacional en un campesino, un señor feudal y un fraile.

En una exposición del nacionalismo en Galicia como intenta ser este humilde escrito, debo mencionar también otras tendencias de menor importancia, pero muy significativas: el grupo estudiantil que habla una extraña mezcla de gallego y portugués, que a mi me gusta llamar portulego, término que a veces equiparo con la normativa, denominado Agir; un brazo terrorista del nacionalismo, el AMI, responsable de varias bombas; algunos partidos independentistas como NÓS-UP y el que a mí más me gusta, el anuncio de Gadis.  El anuncio de Gadis, ese de Vivamos como Galegos, es la expresión perfecta del nacionalismo del topicazo. Tuvo gran calado entre la gente cuando salió, mucho más que cualquier campaña del BNG o de cualquier otra organización nacionalista.

Pensando el porqué del triunfo de ese anuncio se me ocurrió que todas las definiciones de lo que es la “nación gallega” están erradas a mi juicio. Yo creo que ningún grupo nacionalista triunfa en Galicia porque tienen un error de planteamiento al intentar definir qué es ser gallego. Lo que yo defiendo es una definición diferente.

Marcar como debe ser algo para considerarse gallego desde una única perspectiva, desde una única visión, es limitar enormente muchas de las manifestación del ser gallego que a veces se opone a sí mismo y, a veces, se supera. Definir a la comunidad gallega desde lo que tenemos en común es muy dificil. Aunque parezca contradictorio en un principio yo defiendo que nos definamos desde la diferencia. Aunque esto no parezca posible a priori si observamos el método que propongo si se podría lograr. El método de definición es simple, parte de listar una serie de atributos que estamos seguros podría poseer algo sin dejar de ser gallego y establecer la ley de que ser gallego puede significar presentar unos atributos de la lista y otros no. Así nos encontraremos con que a lo mejor dos elementos son gallegos sin compartir ningún rasgo común. 

Como ejemplo, veamos dos rasgos que, a mí juicio deberían formar parte de esa lista:

 -Vivir en Galicia

-Nacer en Galicia.

Un gallego puede haber nacido en Galicia y residir en Galicia, pero también puede haber nacido aquí y emigrado, puede haber nacido fuera y residir aquí, sintiéndose tan gallego como el que más y también puede no haber nacido aquí, ni vivido jamás, los hijos de emigrantes afincados en el extranjero o la gente del Bierzo que se siente gallega. Como podemos ver de esta manera es fácil añadir nuevos atributos a la lista. Estos atributos pueden darse o no en un gallego que será tal con que se de uno solo de ellos.

Dejando a un lado la enorme discusión teórica y las matizaciones necesarias para componer esa lista, veámos que finalidad práctica tendría:

En primer lugar, el idioma conservaría aquellos rasgos propios y dialectales que a día de hoy se consideran desviaciones de la norma. Con una normativa que emane de este concepto de ser gallego, los diferentes bloques dialectales podrían escribir en gallego, en su gallego. Yo no acepto el argumento de que es necesario marcar una única variante para entendernos, no es cierto, yo entiendo igual de bien a un cambadés que a un ribadense y no hablo como ninguno de los dos. Creo que el establecer una única norma persigue fines políticos de unidad nacional más que fines filológicos. Creo también que debe existir una norvativa para el lenguaje de la administración, pero que ese lenguaje escrito debe ser igual de legítimo, no más, que el dialectal y que por supuesto nunca se lleve al oral, porque es ahí donde los hablantes modelan su lengua. No debe ser la Academia quién modele la lengua en lugar de los hablantes, sino que debe limitarse a recoger las modificaciones que estos decidan hacer después de que se hagan.

Otra plasmación práctica sería que el nacionalismo se “despolitizaría” y saldría del juego habitual de izquierdas y derechas. Tendríamos un partido (o diferentes partidos) que no mezclaría los objetivos de los obreros con los de los gallegos que son todos, obreros y empresarios. Podríamos llegar a tener gobiernos que se preocupasen de Galicia en su conjunto y no sólo de su sector de voto, podríamos cuidar y proteger el patrimonio cultural y lingüístico sin que sea utilizado como arma política porque sería el mismo para todos y no estaría en manos de unos pocos. Empezaríamos a ser críticos y objertivos con nuestra historia al fin libre de manipulaciones. En las clases de gallego se daría gallego. Se establecería un criterio literario más allá de “si escribe en gallego (normativo) es ilustre”, se puede escribir en gallego y ser terriblemente malo, como también hay auténticos genios a los que se insulta cuando comparten página en los libros de texto con según qué autores.

Una última consecuencia, yo podría escribir esto tal y como quiero explicarselo a mis abuelos, en gallego de verdad, del nuestro, del de todos.

Escrito por tetrasquel

Marzo 9, 2009 a 11:07 pm