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Sobre mis mariconadas (I)

con 9 comentarios

La dura crítica que recibí por algunas de mis ideas respecto a la homosexualidad en los post de “Dios se amariconó con los años”, hace necesaria esta entrada en la que completo lo dicho. He de reconocer que al principio no pensaba escribirla porque sé que no gustará a algunos dogmáticos y no quería perjudicar a mis compañeros, especialmente a Pablo, con mi ”manifiesta homofobia” como se ha dicho en alguna ocasión. Ahora, en cambio, creo que me lo debo a mí mismo, a mis muchos “fans del facebook” que tan bien me insultan, y, sobre todo, al propio Pablo que siempre creyó en mí para este proyecto. Así que esta va por usted, señor Mauser.

Bien, he dicho que la homosexualidad se elige. Me explico. La historia de la sexualidad y del sexo ha discutido muchisimo acerca de cuales son los factores que propícian la inclinación sexual de las sociedades. Es irrevocable, históricamente, que algunos factores sociales como la religión tienen muchisimo peso a la hora de aceptar, incentivar o censurar las prácticas sexuales; pero, no es el único, ni mucho menos. La sociedad, tus vivencias, la educación y el contexto ideológico y cultural en el que te muevas condiciona no sólo todos los aspectos de tu carácter y tu personalidad, si no también tus prácticas sexuales. Lo relativo de las costumbres sexuales en las diferentes culturas del pasado y el presente que han estudiado antropólogos e historiadores ayuda a comprender hasta que punto, muchos de los principios que nosotros asentamos como naturales son en realidad puras convenciones.

Está demostrado que en sociedades como la hebrea, la homosexualidad estuvo mal vista muy prontamente, mientras que en otras como la griega, la consabida pederastia era una costumbre. Quizás el ejemplo de Roma, dentro de la antigüedad ,sea el más próximo al de nuestra sociedad. En Roma el matrimonio homosexual no existía por lo que todo ciudadano debía casarse con una mujer para obtener descendencia y perpetuarse, pero el sexo con hombres y mujeres indistintamente era habitual y no estaba mal visto, por mucho que se pretenda desde algunos sectores negar evidencias, la tradición báquica y otros cultos procedentes de la India, además de la ausencia de los valores judeo cristianos que demonizarán el sexo, convierten a la sociedad romana en una sociedad abierta y promiscua en lo que a sexualidad se refiere. En Esparta, donde la durísima Egoge, el periodo de educación de los futuros espartiatas para convertirlos en soldados, acercaba a los niños desde pequeños a otros niños llegó a haber leyes que obligaban a los maridos a yacer con sus esposas, pues la homosexualidad entre los soldados que llevaban toda la vida viviendo, luchando y durmiendo unos junto a otros; sin mujeres, alcanzaba tasas increibles y estos no disfrutaban con sus muejeres aunque servían a la polis nutriéndola de nuevos soldados. Seguramente, la huelga de Lisístrata fomentó mucho la homosexualidad.

La finalidad de este pequeño repaso a la sexualidad antigua es ilustrar mi creencia de que más que nacer, las personas se hacen. Al igual que forjan su carácter también forjan su sexualidad. La sociedad pone muchos moldes en esta forja como nos demuestra el repasar algunas de esas convenciones que consideramos a veces principios fundamentales, la pederastía como rito de iniciación másculino unida al maltrato físico se da en algunas culturas de Oceanía, la necrofília se recoge en los textos homéricos, la zoofilia era práctica común de los hititas según parece. De todos estos ejemplos cabe concluír que nuestra sexualidad, como tantos otros parámetros psicológicos, es hija de nuestra sociedad en tanto en cuanto, si viviesemos en otra y nos criasemos en otras circunstancias, quizás tuviesemos otra sexualidad distinta, como tendríamos otra mentalidad y otro nombre, seríamos otras personas.

Pido permiso entonces a todos los que se ofenden cuando me oyen afirmar que se elige ser homosexual para alargar un poquito más este post y decir que si bien la sociedad condiciona nuestra sexualidad también es cierto que nuestro propio carácter pesa mucho a la hora de convertir una práctica sexual en una orientación sexual. Es decir, que, como hombre te guste el sexo con hombres o te sientas atraído por otro hombre no se debe a que seas homosexual si no más bien al punto G alojado en la próstata, eso no te convierte en homosexual es el racionalizar este deseo y convertirlo en un modo de vida, una forma particular de enteder el mundo y el amor, que no el sexo. Perdonadme si me cuesta creer que en este proceso de crecimiento interior no existe voluntad por parte del individuo, si no que se ve sometido a un determinismo sexual, que por lo demás, parece no existió en otras culturas.

Proximamente más…

Siguiendo el filón bíblico: ¿Relatos eróticos en la Biblia?

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Os dejo un fragmento del Cantar de los Cantares, opinad vosotros mismos:

Cantar 7,7-10

¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, en tus delicias!

Tu talle semeja a la palmera, tus pechos, a sus racimos.

Me digo: “Subiré a la palmera, tomaré sus frutos.

¡Seánme tus pechos como racimos de uvas,

y tu aliento como el perfume de manzana,

Tu boca como vino exquisito!

Que fluye suavemente hacia mi amor,

deslizándose en los labios que se adormecen “.

Escrito por eosar

Octubre 18, 2009 a 4:04 pm

Dios se amariconó con los años (II)

con 11 comentarios

Lo primero que debo hacer es agradecer a todos los que leísteis la primera parte, y la comentasteis tanto aquí como en Facebook, ese minuto de vuestra atención que me prestais. Cuando la escribí no imaginaba semejante repercusión y ese apoyo es justamente lo que me dibuja a mí la sonrisa al escribir humildemente esta segunda parte. Os invito también a curiosear un poco por el blog porque hay muchas entradas interesantes de mis compañeros.

Lo segundo que quiero matizar es un cambio, a partir de este momento este post y el anterior tienen un nuevo título alternativo  “Locas aventuras de Yavhé (I y II)”. Este título es para todos aquellos que se sientan ofendidos por el uso que doy al verbo amariconar en el otro título, que por cierto es el mismo que le da la RAE (amariconar. (De maricón). 1. tr. vulg. Hacer perder el carácter varonil. U. m. c. prnl.). No entiendo como hay gays que se ofenden con ésto y se sienten orgullosos con esa degradación de su imagen pública que es la cabalgata del orgullo gay. Sobre todo también quiero decir que para mí, gay es una persona que elige como orientación sexual amar a otras personas de su mismo sexo, maricón es aquel que exhibe esa condición de forma ostentosa haciendo patente en todo momento que ello lo hace especial y reclamando así nuestra atención. Jamás se conseguirá que una persona homosexual sea considerada igual que las demás por la mayoría si el primer distanciamiento lo marcan ellos entrando en debates absurdos como este. Yo no pienso usar eufemismos para esconder una homofobia de la que carezco.

Dicho esto, retomemos nuestras locas aventuras donde las dejamos:

Decíamos que Yavhé, el Dios del Antiguo Testamento, y el Padre, del Nuevo Testamento, diferían de forma drástica. Analicemos ahora mi pasaje favorito de la Biblia en el que Yavhé dice a Oseas como fundar la Iglesia, y veremos que no difiere tanto de lo que le dice el Padre a Cristo según algunas “fuentes”:

Oseas I, 2 El Señor le dijo a Oseas: “Ve, toma por esposa a una mujer entregada a la prostitución, y engendra hijos de prostitución, porque el país no hace más que prostituirse, apartándose del Señor”.

Dicho de otra manera: “Oseas vete de putas”, a lo que Oseas sólo pudo contestar: “Sí, amo”. Hay gente que mira con malos ojos este pasaje y dice que el pobre Oseas  mentía cuando decía que si se casó con una prostituta fue por mandato de Dios (cuantas veces serviría Dios de excusa,,,). Sin embargo, Dan Brown dice de Cristo que se casó con una puta y fundó la Iglesia, así que, si damos credibilidad a ambas fuentes (y hace falta mucha fé para hacerlo, mucha, mucha) no sería la primera vez que Yavhé intenta fundar su Iglesia a base de hijos de puta.  Si lo pensamos bien, en los días que corren, en una época en que  la televisión sustituye a la fe, encontramos el mismo profético mensaje divino en Pretty Woman; quizá esto último sea rizar el rizo por mi parte, pero es indiscutible que si el mesías fuese Richard Gere se explicaría la ferviente religiosidad de las mujeres mayores que van a misa. Esa no es la única imagen de Dios que sale en televisión, existen más nostálgicos del dios del AT, los guionistas de Padre de Familia, por ejemplo.

Es importante tener esto es cuenta para no discutir la legitimidad de la Iglesia, la única intérprete de la verdad divina y su representante en la Tierra por mandato suyo, como acabamos de demostrar el señor Brown y yo (sin por ello despreciar la interpretación de Padre de Familia que para mí es más fiel al original).

Continuará,,, quizás

Rectificar es de sabios y por tanto, retiro todo lo dicho respecto a la homosexualidad en este u otros post. Considero que no era lo fundamental y me arrepiento de haber alimentado el debate con mis observaciones. Aunque acepto todo tipo de críticas como no podría ser de otra manera, me aburro de leer comentarios escritos desde el orgullo herido que o bien me recomiendan informarme respecto a la historia de la homosexualidad o sobre lo que significa ser gay. Como no pienso defenderme con el típico argumento de “tengo amigos gays”, (aunque aprovecho para mandarles un saludo) voy a dar por zanjado el tema aquí y ahora: Pido disculpas a cualquiera que se haya sentido ofendido en su credo o sexualidad por cualquiera de mis palabras.

El objetivo de escribir aquí es divertirnos y divertir y esta clase de discusiones creo que no divierten a nadie.

Muchas gracias de nuevo por leernos,

Dios se amariconó con los años (I)

con 48 comentarios

Como ya se acerca de nuevo el curso y poco a poco volveremos a escribir y comentar con fluidez, traigo un post controvertido que espero que os arranque una sonrisa, con eso me conformo. Aprovechando la oportunidad que me brinda este blog voy a hablar de Dios. No tengo intención de ofender las creencias de nadie por eso me veo obligado a poner por escrito al principio que respeto la religiosidad personal como cualquier otra elección personal.

Con cuatro o cinco años me presentaron a ese tal Dios, lo pintaban como un tipo bastante molón, con superpoderes y esas cosas, que lo veía todo y estaba en todas partes. Además también era un hippie delgado de ojos azules, barba y melena que protagonizaba pelis de romanos en Semana Santa. Para mí no había problema en aceptar su existencia del mismo modo que aceptaba la de los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez. Con siete u ocho, en cambio, no era tan fácil; yo ya sabía distinguir entre realidad y ficción: Spiderman es ficción porque no tenemos pruebas de su existencia, los Reyes Magos son reales porque dejan regalos debajo del árbol, pero ¿que pasa con Dios? ¿Se lo imaginó un Stan Lee judio o existe de verdad? Cuando pedí pruebas se me dijo que tenía que creer en el porque sí, porque la fe era así, creer sin motivo. A mí esto no acabó de convencerme.

Para más inri (hoy me permito la expresión,,,), la teoría de la evolución y el famoso Australopithecus se cruzó en mi vida y yo, humilde y curioso, pregunté a la catequista en medio de mis compañeros:

-Si Él creó a Adán y Eva,¿ cómo puede ser que descendamos del Australopithecus?

-¿Y si Adan y Eva eran Australopithecus?

-Entonces, si Dios los hizo a su imagen y semejanza, ¿Dios es un Australopithecus?

No os lo puedo jurar por Dios, pero si prometeros que esta anécdota es real; tanto como que me pasé el resto de la catequesis pintando romanos en una esquina mientras mis compañeros comentaban las jugadas de Dios con la catequista en un círculo.

Cada vez tuve más claro que ese Dios no existía (los Reyes Magos cayeron por proximidad lógica, por muchos regalos que dejasen no consiguieron sobornarme, si dios no existe ellos tampoco). Desde ese momento empecé a preguntarme el porqué de que muchos adultos creyensen esa mentira, con los años me di cuenta de que la respuesta es muy compleja, pero se podría resumir en que se sienten mejor, la fé los reconforta. También me pregunté por qué había tanta gente dispuesta a contar esa mentira, la respuesta la vi en directo años después, la vi porque la respuesta es un lugar: el Vaticano.

Luego aprendí a diferenciar entre Iglesia y Dogma. Aprendí que la Iglesia es tanto el Papa como monarca absoluto, como el misionero africano que entrega su vida a los demás. Para entender el dogma necesité más conocimientos, así es como desde pequeño leo de vez en cuando fragmentos de la Biblia, que es, por cierto un libro muy interesante. De esas lecturas extraigo que dios evoluciona a lo largo de la Biblia, esa es la idea que quiero comentaros hoy.

En el Antiguo Testamento Dios mola. Es un ser vengativo y cruel que se entretiene arrasando ciudades, puteando a los Egipcios, provocando diluvios y quejándose a los profetas de lo que no le gustaba en la conducta humana. Un ejemplo que me gusta mucho de este Dios coherente con su papel de poderosísimo creador omnipotente es la adoración del Becerro de Oro recogida en el Deuteronomio, si mal no recuerdo. Moisés se tira mes y pico en el monte esperando a que Dios se decida con las leyes que les va a imponer a los hombres (por aquel entonces la democracia no se estilaba). Cuando al final se decide se las graba en unas tablas de piedra (los postit de la época) para que no se le olviden. Moisés baja del monte y se encuentra con que los judios están aprovechando su ausencia para celebrar lo que en la Antigüedad se llamaba “Guateque”, al rededor de un becerro. En mi opinión los paisanos tenían derecho teniendo en cuenta que el viejo los paseo cuarenta años por el desierto, pero Moisés no lo entendió así y les tiró el postit. ¿Qué hizo Dios? Abrió la tierra y se los tragó a todos, porque a él no se lo vacila con guateques que para algo es Todopoderoso.

En cambio, el Nuevo Testamento ya no nos lo cuenta Dios a través de los profetas, nos lo cuenta Jesús o, más bien, la gente que lo conocía. Por qué Cristo no nos dejó un postit es un misterio divino, pero no lo hizo, entonces la gente que lo conocía y la que no, escribió sobre él, algunos muchos años después de su muerte. La Iglesia por no alargar más el libro (total sólo son 1500 y pico páginas, según la edición) eligió los testimonios más fidedignos y les llamó Evangelios. Aparte de las muchas contradicciones y de que cada uno “conte a feira según lle foi”, los evangelistas hablan de Cristo y de su Dios. Pero, el Dios que nos describen es un Dios bueno, generoso, compresivo y bondadoso. Un Dios distinto a aquel que se divertía puteando a la humanidad en el antiguo testamento. Este Dios jamás hubiese aguado el guateque al contrario, tan bueno es que dejó que la Madre Roma se cargase a Cristo sin ni siquiera moverse, un acto de bondad, parece ser…

Continuará…

El pájaro pintado

sin comentarios

Para el hombre de criterio, estar solo y estar equivocado es una misma y única cosa…

Jean-Paul Sartre

Pocos son los momentos de los que dispongo para leer y releer libros que han marcado parte de mi personalidad y me han ampliado horizontes. Sinceramente, no encuentro tiempo. Sinceramente, no hay tiempo.

Un estudiante universitario, por lo general, se centra tanto en su carrera que no tiene tiempo para leer libros de otras áreas distintas a las que estudia, y ésto es muy triste. El conocimiento debe ser global, y cuantos mas conocimientos se abarquen, mayor perspectiva tendrá uno, aunque ser muy lúcido implique tener que asumir una cierta cota de soledad. Recordemos que “donde todos piensan igual no se piensa mucho”.

El Sistema se configura de tal manera que nos mantiene sumidos en actividades de retroalimentación del mismo, ya sea en forma de estudios o de trabajo; estamos autoconfigurándonos para ser un engranaje mas… pero ésto es harina de otro costal. Ya profundizaremos en la obra del genial Aldous Huxley, que por ahí van los tiros.

Por casualidad acabo de encontrar un libro y me puse a leerlo de nuevo. Éste libro, La fabricación de la locura, es de un antipsiquiatra llamado Thomas S. Szasz y me impresionó mucho.


Os copio la contraportada para que veais que temática abarca:

La psiquiatría -viene a decir el doctor Szasz- es un fenómeno de segregación social, un invento de los psiquiatras, que son los modernos cazadores de brujas; la psiquiatría es un nuevo instrumento sibilino de dominación por parte del Establishment o por parte del Estado Totalitario; el psiquiatra substituye al verdugo, el “loco” al hereje, el sanatorio mental al campo de concentración. Cambian los métodos pero permanece la violencia. Se alimenta el círculo vicioso de la agresividad latente, de la sobrerrepresión innecesaria.

Para justificar su punto de vista Thomas S. Szasz lleva a cabo un estudio comparativo entre la Inquisición y ciertas prácticas de la psiquiatría, mostrando los ingredientes represivos de la primera, elementos que pasarán a nuestros días arropados con una terminología pretendidamente científica. En el Medievo, para ser declarado satanista bastaba descubrir supuestos estigmas en la víctima. Una vez demostrada -o arrancada- la culpabilidad se incineraba al “poseso”. Hoy, para ser diagnosticado “enfermo mental”, basta que el psiquiatra extraiga de nosotros una “confesión” o que involuntariamente presentemos determinados “síntomas”. A continuación el paciente -antes el hereje- será rechazado como individuo incómodo o peligroso. El círculo represivo queda cerrado. El Sistema, para su sobrevivencia, extirpa de su propio cuerpo al Otro.

En éste libro encontré un MAGNÍFICO relato sobre lo que es el “Otro” (como diría Alberto Cortez, nosotros somos los demás de los demás). Dicho relato me hizo reflexionar sobre la posición que la gente adopta con uno en determinadas ocasiones. Me parece de una lucidez cristalina. Dicho relato está incluido en el libro El pájaro pintado de Jerzy Kosinski.

La historia es un cuento desazonador que nos narra lo que le sucede a un muchacho de seis años “de una gran ciudad de la Europa oriental (que) durante las primeras semanas de la Segunda Guerra Mundial… fue enviado por sus padres, al igual que miles de otros niños, a una aldea distante en busca de seguridad”. Para proteger a su hijo de las ruinas de la guerra en la capital, sus padres, pertenecientes a la clase media, lo confían al cuidado de una mujer campesina. Al cabo de unos meses de su llegada, ésta muere. Los padres no lo saben y el niño no tiene los medios a su alcance para ponerse en contacto con ellos. Se encuentra a la deriva en un océano de humanidad a veces indiferente, a menudo hostil y pocas veces protector.

Durante sus peregrinaciones a través de la campiña de la destrozada Polonia, el niño vive durante cierto tiempo bajo la protección de Lekh, joven de recia complexión, solitario pero honrado, que se gana la vida como trampero. Es éste episodio el que de modo tan CONMOVEDOR expresa el tema de que para la tribu el Otro es un extraño peligroso, el miembro de una especie hostil que debe ser destruida.

Lekh ama a una mujer, Ludmila, con la que mantiene apasionadas relaciones sexuales. Ludmila había sido violada cuando era una niña adolescente y en el momento en que la encontramos, está loca de deseo sexual. Los granjeros la llaman “la estúpida Ludmila”. El episodio que nos interesa acontece tras un período de separación entre Lekh y Ludmila. Lo transcribiré íntegro.

A veces pasaban los días y la Estúpida Ludmila no aparecía por el bosque. Entonces Lekh se sentía poseído por una rabia sorda. Contemplaba solamente a los pájaros enjaulados, murmurando algo para sí. Por fin, tras prolongado examen, escogía al pájaro mas fuerte, lo ataba a su muñeca y preparaba pinturas malolientes de diversos colores, que él componía a partir de los más variados elementos. Cuando los colores le satisfacían, ponía el pájaro boca arriba y pintaba sus alas, cabeza y pecho con los colores del arcoiris, hasta que quedaba más vívido y moteado que un ramillete de flores silvestres.

Después, nos adentrábamos en la espesura. Una vez allí, Lekh cogía el pájaro pintado y me mandaba sujetarlo con mis manos presionándolo ligeramente. El ave empezaba a gorjear y a llamar a una bandada de su misma especie, que volaba nerviosamente sobre nuestras cabezas. Nuestro prisionero, al oírlos, luchaba por ir hacia ellos, cantando más fuerte y con el corazón batiendo violentamente encerrado en su pecho recién pintado.

Una vez reunido un número suficiente de pájaros sobre nuestras cabezas, Lekh me hacía una señal para que soltara al prisionero. Este se remontaba libre y feliz, como una mancha de arcoiris destacando sobre el fondo de nubes y se zambullía entre la bandada que le estaba esperando. Durante unos instantes, los pájaros permanecían confundidos. El pájaro pintado daba vueltas de un extremo al otro de la bandada, intentando convencer a su tribu de que era uno de ellos. Pero, desconcertados por sus brillantes colores, volaban a su alrededor sin convencerse. El pájaro pintado era rechazado en las filas de sus congéneres. Poco después veíamos como uno tras otro los pájaros se lanzaban a un ataque encarnizado. Muy pronto aquella forma de mil colores desaparecía del cielo y caía sobre la tierra. Estos incidentes sucedían a menudo. Cuando finalmente encontrábamos los pájaros pintados, solían estar muertos. Lekh examinaba atentamente el número de heridas que habían recibido. La sangre fluía por sus alas coloreadas, diluyendo la pintura y manchando las manos de Lekh.

Sin embargo, la Estúpida Ludmila no regresaba. Para desahogar su cólera frustrada, Lekh prepara otro sacrificio. Veamos como lo describe Kosinski:

Cierto día atrapó un enorme cuervo, cuyas alas pintó de rojo, el pecho de verde y la cola de azul. Cuando apareció sobre nuestra cabaña una bandada de cuervos, Lekh liberó al pájaro pintado. Tan pronto como se unió a sus compañeros, dio comienzo una batalla desesperada. El ave transformada se vio atacada por todos lados. Plumas negras, rojas, verdes y azules empezaron a caer a nuestros pies. Los cuervos revoloteaban frenéticos en el cielo y repentinamente el cuervo pintado cayó pesadamente sobre la tierra recién arada. Aún estaba vivo, abría el pico e intentaba en vano mover sus alas. Sus ojos le habían sido arrancados a picotazos y sobre sus plumas pintadas manaba sangre fresca. Hizo un nuevo intento por levantarse de la tierra pegajosa, pero ya no le quedaban fuerzas.

El Pájaro Pintado es un símbolo perfecto del Otro, del Extraño, de la Víctima Propiciatoria. Con maestría inimitable, Kosinski nos muestra las dos caras del fenómeno: si el Otro se diferencia de los miembros del rebaño, es arrojado fuera del grupo y destruido; si es igual a ellos, interviene el hombre y le hace aparecer distinto, a fin de que pueda ser expulsado y destruido. Del mismo modo que Lekh pinta a su cuervo, los psiquiatras cambian el color de sus pacientes y la sociedad, globalmente considerada, mancha a sus ciudadanos. ÉSTA ES LA GRAN TRAGEDIA DE LA DISCRIMINACIÓN, de la invalidación y de la creación de víctimas propiciatorias. El hombre busca, crea e imputa diferencias para alienar mejor al Otro. Al expulsar al Otro, el Hombre Justo se enaltece a sí mismo y desahoga su ira frustrada de una manera que sus semejantes aprueban. Para el hombre, animal de rebaño, igual que para sus antepasados no-humanos, la seguridad radica en la similitud. Por esto la conformidad es buena y la divergencia es mala. Emerson lo comprendió muy bien. “En todas partes de la sociedad conspira contra la virilidad de cada uno de sus miembros” -advirtió- “La virtud, la mayor parte de las veces, es conformidad. La autoconfianza es su contrario”

Escrito por Pablo M

Marzo 4, 2009 a 4:07 pm