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El pasado se convierte en una barrera que te encierra, te atrapa dentro de algo que ya no existe
No soy un gran seguidor de la filosofía de Osho por motivos que explicaré en breve en un post. Mas bien sigo la filosofía de Alan Watts, pero vía Osho Maestro recibí una entrada con una reflexión que me gustó mucho.
Os la dejo ya que me parece muy interesante, y creo que os puede gustar.
Si sigues arrastrando imágenes del pasado, nunca podrás ver lo nuevo. Tus ojos estarán tapados por tus experiencias, tus expectativas, y esos ojos no podrán ver aquello que te confronta.
Así es como vamos perdiéndonos la vida: el pasado se convierte en una barrera que te encierra, te atrapa dentro de algo que ya no existe. Te quedas encapsulado en lo muerto. Y cuanta más experiencia acumules, cuanto más vayas creciendo, más y más grueso será el caparazón de la experiencia muerta que te rodea. Estarás cada vez más cerrado. Paulatinamente todas las puertas y ventanas se cierran. Entonces existes, pero existes alineado, desarraigado. En tal caso no estás en comunión con la vida. No estás en comunión con los árboles, las estrellas y las montañas. No puedes estar en comunión porque la gran Muralla China de tu pasado te rodea.
Cuando digo que te vuelvas receptivo, me refiero a que vuelvas a ser un niño otra vez.

PÍLDORA de WATTS: Pensar en la Vida y en la Realidad
En el sentido mas estricto, no podemos pensar realmente en la vida y en la realidad, puesto que esto incluiría el pensar sobre el pensamiento y así ad infinitum.
Solo es posible intentar una filosofía racional y descriptiva del universo si se supone que uno está totalmente separado de ella. Pero si tu y tus pensamientos sois parte de este universo, no puedes separarte de ellos para describirlo.
Éste es el motivo por el que TODOS los sistemas filosóficos y teológicos deban desmoronarse en última instancia.
Para conocer la realidad, no puedes colocarte fuera de ella y definirla; debes penetrar en ella, ser ella y sentirla.
Sigmund Freud
¿Para qué engañarnos?.
Todo el mundo -a partir de cierta edad- que ha visto Pinocho se ha dado cuenta de otros detalles que en su mas tierna infancia pasaban desapercibidos.

El derecho a “dimitir” de la vida
Os dejo un interesante artículo de uno de mis filósofos favoritos, Salvador Pániker (presidente de la Asociación Morir Dignamente), que aborda con gran lucidez un tema tan delicado como es el de la eutanasia.
Ha llegado la hora de levantar el tabú de la muerte y afrontar con lucidez la finitud humana. Un Estado laico y secularizado ha de respetar la libertad de conciencia de cada cual y la libre voluntad del enfermo.
Espero que os haga reflexionar y que os guste tanto como a mi.
La polémica desatada por las muy sensatas declaraciones del ministro Bernat Soria a propósito del suicidio asistido, bien merece un nuevo comentario sobre el debate de la muerte digna en general. Lo recomendable es que ese debate sea sosegado y racional, sin concesiones a la demagogia y atendiendo a toda la complejidad del problema. No tiene demasiada gracia, por ejemplo, declarar que el suicidio asistido equivale a liquidar a la gente con fondos públicos.
Veamos. Como he expuesto en anteriores ocasiones, suicidio asistido y eutanasia son temas interdisciplinarios, donde concurren aspectos médicos, jurídicos, filosóficos, éticos, incluso estéticos. El debate, a menudo, más que ideológico es de enfrentamiento de sensibilidades. La empatía por el sufrimiento ajeno es variable. Hay quien percibe, y hay quien no, el carácter intolerable de un ser humano reducido a la condición de piltrafa vegetativa en contra de su voluntad. Pregonan algunos declamadores que la vida “siempre es maravillosa”. Bien; a veces lo es, a veces no. A veces -con sida, con cáncer, con tetraplejia, con demencia senil y otras mil posibles degradaciones- la vida resulta, como mínimo, muy oscura. Absolutizar la vida, absolutizar lo que sea, conduce irremisiblemente al totalitarismo. La vida puede ser maravillosa y puede ser espantosa. Depende. Y la única manera de conseguir que, al menos, sea digna es reservándose uno el derecho a abandonar el mundo cuando comience el horror. El derecho a dimitir.
Alegan algunos detractores del derecho a la eutanasia voluntaria que con los adelantos de la medicina paliativa y del tratamiento del dolor el tema ya está resuelto. A esto hay que contestar que, en primer lugar, bienvenida sea la medicina paliativa y el tratamiento del dolor, pero que, desgraciadamente, la citada medicina y el citado tratamiento están todavía en pañales y que, en todo caso, la última palabra y la última voluntad le corresponden siempre al enfermo. Además, la experiencia y las estadísticas confirman que, en las peticiones de autoliberación, tanto o más que el dolor físico cuenta el sentimiento de que uno ha perdido la dignidad humana. En rigor, como lo tengo expuesto repetidamente, cuidados paliativos y eutanasia no sólo no se oponen sino que son complementarios. No debe haber eutanasia sin previos cuidados paliativos, ni cuidados paliativos sin posibilidad de eutanasia. Más aún, si el enfermo supiese que tiene siempre abierta la posibilidad de salirse voluntariamente de la vida, las peticiones de eutanasia disminuirían. Porque esta “puerta abierta” produciría un paradójico efecto tranquilizador: uno sabría que, al llegar a ciertos extremos, el horror puede detenerse.
Debo añadir que en este tema es crucial la actitud de la clase médica. Porque la cuestión no puede, ni debe, desmedicalizarse. Precisamente, los médicos han de ser la garantía de que no se produzcan abusos. No es recomendable legislar sin contar con el asentimiento de los sanitarios. En Suiza y Oregón los médicos suministran la prescripción de fármacos para morir, es decir, intervienen indirectamente (suicidio asistido); en Holanda y Bélgica actúan directamente (eutanasia), si bien existe una cláusula de conciencia. En España, el último estudio publicado sobre la actitud de los médicos ante la eutanasia (encuesta CIS de abril-mayo de 2002) dio como resultado que un 59% de los consultados apoyaban su legalización. Tocante a los facultativos contrarios a la eutanasia, lo que deberían hacer es contribuir a un clima médico/social para que nadie la reclamara. En eso estaríamos de acuerdo: no deseamos que haya peticiones de eutanasia. Pero tampoco es ético -ni decente- oponerse a quienes, razonable e insistentemente, reclamen el respeto al derecho humano de salirse de la vida. Todo el mundo dice querer respetar la dignidad del paciente. Pero ¿cómo puede obligarse a un paciente a vivir en contra de su voluntad? ¿Qué hacen con la dignidad esos mandatarios de la lucha ideológica contra la eutanasia? Suelen ser, esos mandatarios, gente de la Iglesia o del Estado, herederos de quienes, durante siglos, han sofocado la libertad individual en nombre de alguna coartada colectiva. Claman demagógicamente que la eutanasia es un asesinato. Pero, díganme: ¿es lo mismo un acto de amor que una violación? Puede que biológicamente tengan un factor común, pero nadie discutirá la diferencia. En el asesinato, el que muere lo hace en contra de su voluntad; en la eutanasia y el suicidio asistido, el que es ayudado a morir recibe la ayuda como un acto de amor.
Un ejemplo del grado de desvergonzada desfachatez a que pueden llegar los integristas lo tenemos en el caso no tan lejano de la norteamericana Terri Schiavo, que llevaba 15 años en coma, viviendo como un vegetal humano, en tanto que su antiguo marido pedía que se le retirasen todos los tubos que la mantenían artificialmente con vida. Los políticos americanos de la ultraderecha conservadora, con intervención explícita de los hermanos Jeb y George Bush, se opusieron a ello. Hubo procesos judiciales hasta que el Tribunal Supremo de Florida dio la razón al ex marido. Pues bien, en España, un conocido periodista católico, llevado de su fanatismo, llegó a escribir que Terri Schiavo “no estaba enferma, sino sólo aquejada de una profunda minusvalía” y que ahora, por orden del juez, la iban a matar de hambre y sed al retirarle la alimentación por sonda, y que no había ninguna diferencia entre esto y lo que solía hacer Hitler. Y el día que se consumó la agonía de la enferma, el presidente George W. Bush, el hombre responsable de más de 100.000 muertos en Irak, el hombre que se ha hartado de firmar sentencias de pena capital, declaró que se sentía triste y desolado, puesto que él reiteraba su posición “en favor de la vida”.
Otro argumento esgrimido, aparentemente más neutro, es el de la llamada “pendiente deslizante”, la posible proliferación de homicidios sin consentimiento del enfermo, en el caso de que se despenalice la eutanasia. Ahora bien, ningún dato empírico confirma este temor. No hay ninguna evidencia de que en Holanda -país pionero en la despenalización de la eutanasia voluntaria- hayan aumentado las eutanasias involuntarias, más bien al contrario. Lo que sí existe en Holanda es una total transparencia informativa, y muchísimos más controles legales que en otros países -donde sí es habitual la eutanasia clandestina-. Y hablo especialmente de Holanda porque este país ha sido objeto de una campaña de desprestigio tan grosera como inútil. Los críticos plantean que la legalización de la eutanasia voluntaria ha producido allí una degradación de la profesión médica y todo tipo de males. Sin embargo, los holandeses no se han dado por enterados. Los holandeses saben que la eutanasia legal ha mejorado incluso la atención médica en lugar de dañarla. Prueba de ello es que a ninguno de los Gobiernos posteriores a la legalización de la eutanasia se le ha ocurrido revertir esta medida.
En fin, quienes defendemos el derecho a morir con dignidad pensamos que el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido ha alcanzado ya un punto irreversible de esclarecimiento y madurez. Pensamos que es hora de abordar este problema, ya que resulta notoria la pasividad social que ha habido en torno al mismo. Ello es que al cabo de 200 años de luchas sociales, luchas por la emancipación de las clases trabajadoras, derechos de la mujer, Tercer Mundo, pueblos de color, niños, homosexuales, etcétera, el tema de la muerte digna permanece inauditamente congelado. Entre otras razones porque la muerte ha sido un tema tabú. Y porque los moribundos no van a votar. Pero ha llegado la hora de levantar el tabú de la muerte y afrontar con lucidez la finitud humana. Un Estado laico y secularizado ha de respetar la libertad de conciencia de cada cual, y ser neutral frente a las distintas creencias religiosas. El respeto a la libre voluntad del enfermo es así primordial. Se trata de una aplicación de la idea general de autonomía (autos nomos, la ley que cada cual se da a sí mismo, la soberanía del ciudadano), que es uno de los legados más firmes de la modernidad.
Utilidades de la humildad
La humildad es etimológicamente la característica por la cual se define el miembro del ordo de los humiliores romanos. Ésta es, por tanto, una denotación económica. La connotación que se convertirá en el significado que hoy en día damos a la expresión, nace mucho despues, probablemente, bajo la influencia del cristianismo.
La gente humilde es hoy por hoy una especie rara. Es dificil encontrar a alguien que afirme que la primera virtud que le gustaría poseer es la humildad. Las personas suelen pensar, con bastante soberbia, que la humildad se les presupone.
Quizás tengan que ser, como siempre, los niños los que nos enseñen esta lección. Porque los niños pequeños desconocen casi todo; pero, a pesar de eso, saben muchas cosas de la vida que con el paso del tiempo olvidamos y que convendría tener siempre presentes . Si somos capaces de observarlos con la “humildad” del que aprende, descubriremos que se asoman al mundo siempre con la curiosidad sana y limpia del que quiere conocerlo. Y lo más importante es que lo hacen por el mero hecho de hacerlo. Parece que entre los adultos todo lo que se aprende debe ser rentabilizado; lo que no se cobra en metal se cobra en ego.
Yo creo que es muy útil no perder la humildad con el paso del tiempo, seguir sorprendiéndose cada día con uno mismo, pensar “Caray, que alucinante es el mundo” y hacerlo siempre con las ganas de un niño. Ellos no saben lo que es preocuparse por lo que dirán los demás de ellos, ni quieren saberlo, les da igual. Si tienen una duda, por fantástica que sea, te la preguntan y puedes ver en sus ojos que le darán buen uso a tu respuesta, que no hay ese deje de soberbia, incluso de malevolencia en su mirada. Ese algo que si se ve en el resto de las personas. Desde el que no pregunta por no reconocer su ignorancia, afirmando que cree conocerlo todo, hasta el que pregunta con el fin de exhibir sus intereses, en todos se registra esa soberbia.
La soberbia del que olvida qué poco tiempo lleva sobre el mundo si se lo compara con casi cualquier cosa que lo rodee y que aún así pretende conocer todos sus secretos. Siempre hay algo que descubrir, algo que aprender. Todo el mundo tiene algo que enseñar y hay que estar “humildemente” atentos para que no se nos pase la lección que en cada momento debemos aprender sobre nosotros mismos y sobre el universo. Lección que demasiadas veces debe entreverse en la mirada de un niño, porque los adultos estamos ciegos al mundo.
Perlita de Salvador Pániker
Finalmente, resulta obvio que todos los fundamentalismos que hoy emergen son intentos simplistas de atajar ese trasfondo de hibridismo fluído que genera inseguridad. Algunos movimientos políticos se apoyan, además, en esta tendencia natural de los tiempos para socavar principios de racionalidad democrática, substituyendo el genuino diálogo por la exhibición de gestos demagógicos (a ser posible con reclamo televisivo). En todo caso, sucede que para sobrevivir a la provisionalidad, a la complejidad y a la incerdumbre se requieren unas reservas de “libertad interior” que no todo el mundo posee. A menudo he señalado que conviene distinguir entre vida pública, vida privada y vida íntima. Algunos tienen vida pública, todo el mundo tiene vida privada, muy pocos tienen vida íntima. Si el movimiento hacia la secularización híbrida y global es imparable, la comprensación solo puede proceder de la “vida íntima”. Entonces uno tiene “fe” -confianza en la realidad- sin necesidad de tener creencias dogmáticas. (La fe no es un monopolio de los creyentes). Uno configura su visión del mundo a la carta. Uno puede abandonarse al gozo de tomar de aquí y de allá, con cierta agilidad y despreocupación, a la medida de sí mismo.
Que al fin y al cabo, ésta ha sido una de las conquistas fundamentales de la modernidad: el derecho de cada cual a ser cada cual. Un dercho que pocas veces ejercemos.
Paradoja de Steinway
El otro día recibi el siguiente e-mail:
Saludos de nuevo, Sr. XXXXXX:A continuación paso a detallarle el precio de los modelos que nos solicita:Steinway & Sons, modelo A-188: 66.700,00€Steinway & Sons, modelo B-211: 78.010,00€En la espera de sus noticias, quedamos a su disposición para la información que usted desee.
Por si alguien no se ha enterado, Steinway & Sons es la mejor marca de pianos del mundo y sus precios, como puede observarse, son elevadísimos.
A partir de dicho e-mail empecé a desarrollar la Paradoja de Steinway, que no es otra cosa que la situación que se produce cuando metes dentro de tu casa un único objeto cuyo valor es superior al del inmueble.
Santiago, Hugo y yo estuvimos el otro día intentando elaborar una lista de objetos (una sola pieza) que no fueran ediciones limitadísimas y cuyo precio excediera del de una casa. Conste que es muy complicado encontrar un solo objeto que se venda al público de manera “mecanizada” y que cumpla ésta condicón.
Otra condición para que un objeto cumpla la Paradoja de Steinway es que tenga utilidad real dentro del inmueble (como por ejemplo un acelerador de partículas piano).
El objetivo principal del post es que aporteis objetos que cumplan la paradoja. Ya os adelantamos que es tarea difícil.

Música celestial
Hace más de dos mil quinientos años nació Pitágoras, o eso dicen. La escuela pitagórica de Crotona nos dejó muchas aportaciones a la filosofía y a la ciencia. Tenía también un denostado carácter sectario, como muchos científicos de hoy (espero que Santi no me condene a la horca por esta última afirmación).
Bueno, si retiramos de Pitágoras todo lo místico y lo que no era capaz de vislumbrar por las limitaciones de la época nos encontramos con teorías revolucionarias mezcladas con consejos del tipo “No comas habas”. No me extiendo aquí explicándolo.
Entre esas teorías hay una que a mí me encandila especialmente. Según Pitágoras en el universo conviven distintas esferas en un todo perfecto y mecánico. Lo curioso es que según él cada una de esas esferas produce un sonido característico que al unirse a los demás forma la melodía del cosmos. Según él no podemos oír esa música porque estamos muy habituados a ella. A día de hoy los científicos han confirmado que los planetas y las estrellas emiten una serie de ondas electromagnéticas que se pueden convertir en sonido con algunos aparatos. Recientemente hemos podido escuchar al Sol, ya habíamos escuchado a Júpiter y a otros planetas. Esas melodías son rítmicas y recuerdan a algunas obras musicales. Sorprende que no podamos captar esas ondas electromagnéticas porque no entran en nuestro umbral de sensibilidad.
Si escuchásemos de otra forma, si fuesemos capaces de ampliar nuestros sentidos no sólo podríamos escuchar el universo sino ver la música y escuchar un cuadro. Me pregunto como sonaría Manet o como se vería la Novena Sinfonía. Pitágoras también decía que había formas de escuchar esa música si se meditaba lo suficiente. La meditación induce estados mentales increíbles y lleva a hacer cosas imposibles como nos demuestran algunos lamas. A lo mejor también expande nuestro umbral de percepción. A saber,,,
Al final el universo suena, existe una música celestial como decía el viejo de Samos. ¿Serendipia o premonición? Lo de jo a vuestro juicio.
A lo mejor conviene plantearse lo de las habas ¿no?
Paramnesia reduplicativa
Son las 2:15h de la madrugada y no consigo dormir. Llevo varios días con el sueño “cambiado”, así que para no aburrirme en la cama (y en consecuencia estar dándole vueltas a cosas de escasa importancia) voy a dejaros aquí un fragmento de un micro-relato, fruto de la unión de -en mi humilde opinión- cinco cosas:
- Principio de Sincronicidad (de Jung).
- Pequeñas caralladas de Antonio Escohotado.
- Las enseñanzas de Don Juan, de Castaneda.
- Mas Castaneda.
- Ernst Junger (mucho ojo con éste, por favor).
Ahí va:
4 de la Mañana. Salgo presuroso buscando esa esfera que controla el “círculo mágico” que solo ella conoce. Aun perdura el perfume de la ciudad abarrotada de colores, de neones turbadores de tranquilos ojos, de canales escarlata que invitan al reposo…
Aquellos que, antaño, nos hicieron soñar fuera de los lindes de nuestra piel, fuera de nuestra propia frontera.
Ya es tarde, y la distancia apremia: Saldría a la calle a saludar a la gran ciudad submarina y a ver que me cuenta de éstos años en los que anduve lejos, pero era hora de partir a tierras desconocidas [...]
Me encuentro entonces con una calle que silenciosamente se sitúa frente a un canal de aguas rojas. Sobre nosotros, la luna guarda el templo de la noche y el secreto de la profecía. Es ahí donde escucho (un poco triste) el suave murmullo de la ciudad que duerme, y ese rugido que la noche emite sobre las vagas luces de las farolas, en aquella calle empinada que conducía a la casa de John.
Esa región donde se cruzan los mares…, ¿ya sabes donde ocultaste la esfera, John?
¿Alguien sabe quien es éste hombre?. Yo tampoco.

I’ve got a bike. You can ride it if you like.
It’s got a basket, a bell that rings and
Things to make it look good.
I’d give it to you if I could, but I borrowed it.
You’re the kind of girl that fits in with my world.
I’ll give you anything, ev’rything if you want things.
I’ve got a cloak. It’s a bit of a joke.
There’s a tear up the front. It’s red and black.
I’ve had it for months.
If you think it could look good, then I guess it should.
You’re the kind of girl that fits in with my world.
I’ll give you anything, ev’rything if you want things.
I know a mouse, and he hasn’t got a house.
I don’t know why. I call him Gerald.
He’s getting rather old, but he’s a good mouse.
You’re the kind of girl that fits in with my world.
I’ll give you anything, ev’rything if you want things.
I’ve got a clan of gingerbread men.
Here a man, there a man, lots of gingerbread men.
Take a couple if you wish. They’re on the dish.
You’re the kind of girl that fits in with my world.
I’ll give you anything, ev’rything if you want things.
I know a room full of musical tunes.
Some rhyme, some ching. Most of them are clockwork.
Let’s go into the other room and make them work.